Instalas una extensión para mejorar una página concreta. Meses después sigue activa mientras lees correo, abres documentos y gestionas otras cuentas. Merece la pena comprobar si su acceso sigue correspondiendo a su función.
Empieza por lo que necesitas
Describe para qué la utilizas. Una herramienta necesaria en un solo sitio plantea una decisión distinta de otra que quieres usar en todo el navegador. El nombre y las valoraciones no explican sus permisos.
Chrome puede ofrecer acceso al hacer clic, a sitios específicos o a todos los sitios, según la extensión. Lee la descripción del permiso: poder leer o modificar datos de páginas web puede conceder un acceso amplio.
Prueba un ajuste más limitado
Si encaja con la tarea, elige un sitio concreto o la activación al hacer clic. Después comprueba la función en una página corriente sin información sensible. Si falla, averigua qué permiso falta antes de devolverle todos los permisos de golpe.
Necesitar un acceso amplio no convierte automáticamente una extensión en maliciosa. Sí exige una razón más sólida para confiar en su desarrollador y mantenerla instalada.
Revisa lo que se ha quedado
Elimina las extensiones que ya no utilizas. Comprueba cada perfil del navegador: el personal y el de trabajo pueden tener colecciones distintas. Cuando pruebes una nueva, anota una fecha para revisarla. Es más sencillo mantener unas pocas herramientas que entiendes que una lista de experimentos que has olvidado.