El documento del escritorio se abre sin problemas. Lo pasas a una memoria USB y, al intentar abrirlo en otro Mac, el archivo no aparece. Puede que hayas copiado un alias de Finder y que el documento se haya quedado en tu equipo.
Un alias apunta al elemento original: al abrirlo, abres ese elemento. Crear otro alias no genera una copia independiente del documento. Resulta práctico para acceder a una carpeta de trabajo, pero conviene distinguirlo del archivo que quieres entregar.
Localiza el archivo original
Selecciona el alias en Finder y pulsa Command-R para mostrar su original. Fíjate en la carpeta y en la unidad donde está. Si pertenece a un disco externo, conéctalo primero. Si no se encuentra el destino, busca el archivo de origen; el alias no contiene una copia que puedas recuperar por ese motivo.
Imagina un alias del escritorio llamado «Notas del taller» que apunta a tu disco externo. Para entregar las notas, copia el documento desde su carpeta original a una carpeta de entrega con un nombre claro. Conserva el original mientras revisas el resultado.
Comprueba lo que vas a entregar
Abre la carpeta de entrega y revisa el documento copiado allí. Si se lo envías a otra persona, pídele que abra la copia recibida antes de dar la transferencia por terminada. Que algo se abra en tu Mac no demuestra que funcione sin un archivo que solo está disponible en él.
Los alias facilitan la navegación. Para una entrega o una copia de seguridad, localiza los archivos reales y comprueba las copias que vas a conservar.