Ayer viste un recibo en Gmail y hoy ya no aparece en la bandeja de entrada. Eso no significa necesariamente que se haya borrado. Los mensajes archivados salen de la bandeja de entrada, y un filtro puede apartar el correo nuevo sin que lo notes.
Busca por remitente, por una palabra poco habitual del asunto o por un intervalo de fechas. Incluye Spam y Papelera en las opciones de búsqueda: una búsqueda normal puede dejarlos fuera. Cuando encuentres el mensaje, comprueba sus etiquetas y dónde está antes de cambiar ajustes.
Si está archivado, puedes devolverlo a la bandeja de entrada. Si está en la Papelera, tendrás que sacarlo de allí. Recuperar ese recibo resuelve el problema de hoy, pero no evita que una regla vuelva a apartar los siguientes.
Revisa los filtros que coincidan con el remitente o el asunto. Comprueba si omiten la bandeja de entrada o eliminan mensajes y anota la regla antes de editarla. Si descubres un reenvío a una dirección que no reconoces, revisa también quién tiene acceso a tu cuenta. No hace falta desactivar todos los filtros ni pedir que te reenvíen el correo antes de averiguar dónde terminó.